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Pero la
cosa no quedó ahí: la otra caña que tenía estaba picando también y
cuando tiré de ella conseguí sacar la tararira, con tan gran fortuna que
enganché la que se me había escapado antes por la rotura de la caña y...
dos por una...
Sólo
los que presenciamos aquel maravilloso acto de fortuna dimos
credibilidad a lo sucedido, pero en verdad así fue. Ahora lo único que
intento pescar es alguna vieja (del agua) por internet.
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Fueron
muchos años compartiendo los Turismos con el Viejo, ¿te acordás Papá?
Solíamos contar los días que faltaban para aquel Sábado que tenía algo
tan especial… Eran nuestras únicas vacaciones en todo el año, incluso
esa noche antes de salir ni siquiera éramos capaces de dormir, nos
sentíamos como dos niños en víspera de Reyes.
Después
aprontar todo: la ropa, las cañas, cargar el camión, etc. Si iba hacer
calor o frío, si iba a llover o salir el sol, yo que sé, eran tantas
cosas...
Cuántos
años fueron? Según mi cuenta como 16 ó 18... no se... Bueh... Vos
presumías de llevar muchos más y sin interrupción, lógicamente por una
cuestión de edad...
Pero un
día todo cambió y las cosas tomaron otro rumbo, y ahora miro este cielo
y no es el cielo de mi tierra, y la luna no brilla como aquella...
Jajaja ¿Sabés de qué me acordé? Cuando una noche en uno de los primeros
años yo miraba la luna llena y la tatarira me llevó la caña y la paseó
por toda la laguna... jajaja... Y creo que hasta la pescamos y todo, qué
abombado!!!
Gracias
Viejo, por todo aquello que compartimos.
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