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Por: El Konmemoria
Sánchez |
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Florida City |
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Sábado, 9
de la noche. Comienza el Carnaval del ano 1970 y pico. Astengo, Walter
Varela, Possi, Escritch y otros se movilizan para comenzar el corso. Los
inspectores de tráfico, por nadie queridos, tratan de imponer su
autoridad dentro de aquel desorden donde todos quieren ser los primeros.
El Pajita Pieroni con su cara pintada calienta su garganta con sus
muchachos haciendo correr una de 5 litros de sucu de Morando y Coca.
Artigas Peña y
su gente calientan sus lonjas en la Plaza Artigas… El diminuto Grillo se
moviliza impaciente sin querer perder el ritmo. El Chajá Amaro acaricia
su caballo como queriendo decir ya nos vamos; el auto de los Guichón con
el Tape al volante despliega el cartel que dice “nos vamos a la playa”.
Llega el Bubby Vázquez en su bicicleta de una rueda sola, haciendo
piruetas como sólo él sabe hacer; Hugo Varela lo había hecho en
carnavales anteriores. |
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La Ford
modelo T de Dario Castro se ponía en fila con un desorden infernal de
alegría y gritos y buen humor. Más atrás los Viera de Sarandi Grande
vestidos de indios también listos para salir.
La gente se hace a un
lado para darle paso a los siempre presentes en los carnavales: los
Angeleros. Loreto, el pibe, el rubio, Giachetto y otros, esta noche
presentarán “La Herrería” y como siempre a último momento trabajando
hasta el último minuto para que no falten detalles y llevarse el premio.
Llega con
sirena encendida lo que antes fue el ómnibus de la ciudad para pasar a
ser La Cucaracha. Toda la gente se acerca para ver con qué comienza este
año la auténtica “Variedades de Carnaval”. Alejandro Monti, impecable
con su galera y guantes blancos, conduce La Cucaracha para presentar
esta noche “El Safari”, todos pintados de negro. El Gordo Rey listo para
ser cocinado en una olla gigante: Componen la tribu entre otros, Ricardo
Gil, el Zorro Lavandeira, Waldemar Álvarez, el Pica Pastorini, Omar
Falero, Juan Lobato, Clevi Ferreyra, Carmelito Martínez, con la firma de
las pinturas de Pipí Sastre y a su alrededor las maquilladoras del
elenco: Nélida, Raquel y Mary.
¡Largaron!
El Churria
Rosido Palacios da la orden de comenzar el corso y todo el mundo se
pone en movimiento. De Antonio María Fernández tomamos Treinta y Tres,
pasamos por lo de Marcel Latorraca y llegamos a la esquina de lo
Santurio que todavía tenía la provisión abierta.
La esquina
del Bazar Papaleo estaba repleta, los Trezza, los Javiel y los Lafluff
entre otros, habían salido hasta la esquina.
Las reinas
comenzaban con sus agotadores saludos; atrás la murga La Vascongada
sonaba como nunca, la sirena de La Cucaracha ponía a todo el mundo en
movimiento (¿que habrán hecho hoy?). Pasamos frente a la Pompeya y antes
de llegar al Liceo Viejo la familia tan numerosa de los Carrau copaba la
vereda, mientras en la puerta de la familia Casella Dolara se veía la
alegría.
Al
llegar al Liceo la luz de la esquina hizo pierna para que unos muchachos
le tiraran dos bombas de agua a las reinas, que al igual que Juan José
Tito en el arco se tiraban en palomita, y gracias a Dios no dio en el
blanco, pero apagó la mitad de las luces del carro…
Llegando
a Barreiro
Al pasar por El Heraldo vimos a Luisito Recalde como haciendo guardia en
su negocio. Enfrente, en la agencia Cita, Barcia se paseaba de zapatos
negros de charol, medias negras de nylon, pantalón negro y gris a
cuadros y la clásica camiseta de Peñarol. Parecía una caja fuerte, no
había como encontrarle la combinación.
Al llegar
a la esquina de Ursino Barreiro esperaba el corso un gran equipo, cuya
delantera la integraba Ullani Adib y toda su familia; en el balcón la
Pichona Flaquer , Danubio Soba y Carlitos Brauchok, y en la vereda del
frente parecía que la Cuchilla Santancieri había comprado la platea y
cuando pasó por el lugar Jacinto Duran fueron impresionantes los
aplausos.
Las reinas
demostraban su nerviosismo en su sonrisa semi normal al saber que se
acercaba el grueso del público en las próximas cuadras y tendrían que
afrontar las criticas (“les podrían haber hecho un vestido mejor”, “Ay
como las han pinturrajiado a esas niñas!”)... En fin, es muy difícil tener
a todo el publico contento.
Una
pareja del 900...
Vamos en Independencia y Barreiro y ya tenemos dos problemas: en la
cachila de Darío Castro parece que en medio de la algarabía se cayó un
muchachito y se dice que la rueda le apretó un brazo, esperemos que no
sea nada. Frente a El Heraldo se apagó La Cucaracha, Juan Lobato y
Alejandro Monti están verdes de dar manija, y después de una explosión
del escape logra nuevamente seguir su paso. Sale mucho humo de la olla
de los caníbales que seguramente se comerán al Gordo Rey, el que con lo
que pesa es seguro que les alcance para darle de comer a todas las
murgas. Los Chichipíos lo miran con cara de hambre.
Las reinas
ya pasaron por lo de Besozzi y en el Democrático Mingo Piñeiro espera
hacer una buena noche, mientras Gurjitano trata de atender todas las
mesas. Alvarito Tiscornia, Mastrángelo, Facciolo, el Chocho Gorón, el
italiano Carlitos Muracciole y otros, se están colando unas Pilsen y en
la esquina de enfrente esperan el cruce el Tape y sus muchachos.
Infaltable, a pocos metros de su imprenta, una típica pareja del 900
esperaba el corso. Él... pantalón y saco del traje gris oscuro a rayas,
pañuelo al cuello y sombrero negro de ala corta. Ella... pelo ordenado
adornado con una margarita del lado derecho, cejas pintadas al carbón,
zapatos de taco alfiler, vestido negro manga corta y labios sumamente
pintados de rojo carmín. Parecía que se habían disfrazado para la
ocasión, pero así era todos los días y nunca se separaban, para todos
lados juntos, dicen las malas lenguas que era porque él no se animaba a
darle un beso de despedida… Pero en mi opinión personal ...no era tan fea.
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La
"mataron" a la reina
La alegría sigue en el centro; Panchito Pariz, Barragán, Edgard Martínez,
El Grillo y el Pocho Fernández, impecable con el redoblante, recibían
una ovación impresionante, y en la confusión una bomba de agua que
partió desde el Centro Democrático dio en el blanco: la Reina del
Carnaval se acababa de sentar, y la bomba le explotó en la falda! ¿Se
imaginan la crítica? El vestido azul claro sin mangas, en una noche
fresca, mojado, y justo ahí...
Cuando llegan al Banco
Florida la mataron: estaban, por casualidad, los “criticones fútbol
club”: Adalberto Toranza, Luis Bía, el Gino Furiatti, Marciano Durán,
Cono Berrondo, el judío Julio, Tito Ubal, Tintiño González, Chiquito
Orlando, Cono Costa, y acompañando al equipo, el Lolo y Chumino que
custodiaban el Banco y que fueron los primeros en decir “¡Se mioooó la
reina!!....Qué equipo tenía el barrio Curuchet; qué vergüenza tenía la
Reina, que venía ansiosa por ver al Gino y llegaba en ese estado, toda
mojada… |
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Independencia casi Rivera
Pasaron
las reinas por el Banco Florida, y la Marmota Galo observaba desde la
cigarrería; enfrente el fotógrafo Gabines acababa de inaugurar el
restorán “Trianvacanmandala” ( ¡no tenia nombre eh!?)...En la puerta
Gabriela saca las fotos del corso y la acompañan la petisa Niell, el
Chingo Castro, el Yayo (cocinero), Corina Piriz y La Chula, que venía de
la radio.
Estamos
llegando a la calle Rivera, al American Bar de Cabral. Los hermanos
Cabrera tuvieron que parar el taxi frente al Cine Italia porque el
tablado ocupaba la parada. Al pasar el corso comenzarán a actuar los
Capablanca, por eso Golfarini está preparando el equipo sonoro, mientras
el Pipe Díaz recibe aplausos por su triciclo adornado para este día.
Desde
diferentes mesas Teresa Palavecino, la petiza Belén, Quitita Quirino,
Mario y Susana Fleitas, el Dago Icasuriaga y flia, Teresa García, el
Tola, el negro Panzaque y José Montelongo, parecían que habían venido en
delegación desde el Prado Español para aplaudir ahora a la cuerda de
tambores, y el movimiento batidor de las Toras que no podían faltar en
este Carnaval.
Zorros al
acecho…
Cuando el
carro alegórico de los Angelero llega a Rivera, en la herrería que
representan esta noche hay mucha actividad: el pibe y el rubio López
están herrando al caballo, Jesualdi tiznado hasta la nariz, Giachetto
deja la fragua y mira hacia el Club Florida, a la media cuadra, y ve al
Intendente y su comitiva, disfrutando de un Caballito Blanco y piensa…
“Ese no se puede herrar pero cuando yo sea Intendente me lo voy a
tomar”...
Cosas que se dan algunas noches: en las mesas que están frente a la
peluquería de Ana Bolena casi todas eran mujeres: Antonella Regina,
Betina Cabral, Fabiana Macció, Estela Laudicio, Teresa Machín, Mirela
Laitano, María Laxague, Mariela Cabo, Beatriz Espinosa…y el Nene
Palermo.
Y me di cuenta porqué
había tantas mujeres de ese lado, ya se darán cuenta. En la vereda de
enfrente había reunión de zorros: Pitoche Aloy, Pocho Espinosa, el Negro
Mercadal, Gustavo Aloy, Sol Calandria, el Mosquito Peluso, el Brujo
Castro, el Cono Castro, Ruben Urchitano, el Nene Orlando y Luis Colista,
parecían un club de fútbol.
Y en la
puerta de Monarca, tranquilo, con El Heraldo bajo el brazo y un
mondadientes en su boca, Pereba se deleitaba con la fiesta de todos.
Los zorros
esperaban impacientes la hora del baile para intentar apresar la
presa...
Con el Corso pasaban
las esperanzas...
La Colombina se
hacía sentir. Con sus movimientos impecables, sus cuerpos calientes,
dejaban correr por la mejilla una gota de sudor que parecía una lágrima
de alegría. En el plátano de la farmacia Taranto, del lado izquierdo se
recostaba otro típico hombre del 900: sombrero gris con faja negra,
lentes de aumento, pañuelo al cuello, gabardina marrón claro y un Río
Novo entre sus labios, Pepe Moreno se apostaba para ver quizás su
carnaval número 70. Del otro lado del plátano el Chivo Marichal esperaba
el paso de los redoblantes. Es que era su pasión, ya que por más de 30
años alegró los carnavales de nuestros padres.
A unos
pasos en una pequeña vidriera colgaban números de lotería para el
viernes, y en la puerta las hermanas Galotti veían pasar las esperanzas
de casarse algún día.
En la mesa
más próxima el Perro Fleitas, la Charo Quirino, Lilián Alarcón, Carmen
Centena, la Tina Suárez, Pipí Regusci y el Jorge Alberro, entre otros,
aplaudían sin cesar. En la entrada de Santana Muebles Martiniano
González, Jorge Gruccio, Guillermo Algaré y el Cono Marichal, que lo
tenían que aguantar porque quería tirarse una palomita hacia el carro de
las reinas, y en La Vitrola la barra también compartía la alegría del
Carnaval.
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Frente
al Club Florida
El corso
del 75 estaba llegando a La Vitrola. Adelante el jeep de la intendencia
y el inspector de tránsito, el gallego Heredero, se habían detenido en
Rodó por un pequeño altercado con el Macaco Lasalvia, el taxista.
Frente a
La Vitrola estaban Conucho Mastrángelo, Omar Cabrera, Jorge Testa,
Edgardo Pallares, Néstor Cabral, Enrique Pandolfi, Gerardo Giordano,
Miguel Balle, Danilo Ramón, Ricardo León, Pino Mangini, Alejandro
Ferreri, Gonzalo Echeverria, Julio Amaya, Pedro Martínez y el Momo
Pérez, todos aplaudiendo a la cuerda de tambores, donde entre otros
estaban Artigas Peña, el Viejo Vázquez, el Teta y el Pipa Delisa y
Amelio, que era quien se llevaba fuerte los aplausos; justo ahí se tira
al suelo con la bandera, y lo pisa el burro del loco Ghan que se
distrajo, y Amelio queda debajo de las patas del burro. Se imaginan qué
panorama.... |
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Frente al
restorán Nuevo Rumbo se tomaban algún viejo y querido Sucu el Pato
Ferreri, Ramón Abeiro, el Polo Patrón Y el Ganso Pereira. El Gordo
Ormando servía sus ricas pizzas, mientras en la puerta del Club Florida
con su cabeza frente al 674 de Independencia, siempre firme como
haciendo guardia al Club, estaban Cachuto y sus amigos.
Ricardo
Rosas y el gordo Carro compartían el comentario (“se mió la reina” ). En
la mesa frente a la puerta el Intendente rodeado de muchas moscas se
tomaba su Caballito Blanco.
Llegando
a Rodó…
Chicos y
grandes se divertían. El que podía gastar se sentaba, los que no
caminaban y le compraban a los niños un frankfurter que Dante preparaba.
En la vidriera de la sastrería Pocholo Pereira el Japonés y Teresa se
sonreían al ver al Chito seguido de muchos niños tocando con la peinilla
en su boca una marcha brasilera…
Y mirá que
tiene cosas lindas el Carnaval: casi llegando a Rodó, en la última mesa
frente a la farmacia encuentro una mesa digna de una largada: Darío
Castro, Alcides Pérez, Francisco Pérez, el canario Escabino, Dardo
Sánchez, el Bubby Vázquez, Atilio García, y entre ellos uno que no
corría pero sí era ligero: Ventanilla, con el bolso de Peñarol
atravesado en su espalda.
Compartiendo un sucu en la esquina de la Tienda Marcos no cabía un alma:
entre ellos Jorge Acuña, Saco Viejo, Daniel Deluca, Caserta, el Nene
Tarigo, el Pelao Rava y Jorge Gruccio. Posiblemente se estaba fraguando
algún pase para Quilmes.
Las reinas
llegaban a Rodó, el vestido se había secado un poco del agua de la bomba
que le tiraron frente al liceo. Era este el momento en que había que
enfrentar la críticas más pesadas, porque en la cuadra siguiente, frente
al Café del Centro, las mesas y la vereda están abarrotadas de gente.
Qué lindo es un corso, qué lindo...
Llegamos
al Café del Centro…
El Policía
de parada Pancho Bronca, el diariero (Pedro) parado en Las 3 Cruces, que
en sus vidrieras lucía los pantalones Relámpago, con el inspector de
tránsito Walter Alanís, el lustrador de zapatos, el Sordo Martínez…
El Café
del Centro está lleno. En los saaannnwwiiches calientes! Cono Lanz, y
atrás de la máquina de café, subido en un cajón de Coca Cola, Minguito.
Casella y
Mendieta no dan abasto para servir a los mozos, Lupita, el Sordo Araújo
y el Gordo Viera. En una de las mesas se levantan para mirar el corso
antes de empezar con las 40, Carlitos Giani, José Pérez López, Pololo,
Galife, Manuel Preisig y la Pirrada. También estaban, entre otros el
Buby de los Campos, Nelly, Pablo y Daniel, Angélica Giordano, el Cono
Medina…
En una
mesa de afuera veo algo extraño: una familia que jamás los había visto
juntos… o estoy soñando: la Talita, el Arrayán, el Sauce, el Sarandí, el
Espinillo, el Quebracho y la Selva Rigali. Por la vereda de enfrente el
Nene Tejera, Darío Ibarburu, Roberto Urtiaga, el Pepe Sabia, el Polo
Barrios, el Mono Enciso y Retamosa.
Auténticas
Variedades de Carnaval impresionaban pintados de negro; los niños
retrocedían asustados. Entre ellos, a la altura de Mil Colores caminaban
Celina López, Milka Gurjitano, Lita Villabona, Graciela Álvarez, la
Cocona y la Negra Anse.
En el café
Los dos Leones, llegando a Herrera, hay payadores. Esta noche Gustavo
Guichón, el Gaucho Giménez, Urbano Recalde, el Pulpi Amaro, Carlitos
Rodríguez y Víctor Gasso. Se ve que va a estar bueno, pero como
acechando a los artistas en la otra mesa, antes de irse a trabajar
porque Pololo les dio permiso hasta las 10.30, están la Raquel, la
Gloria, la Gavi, la Margó y Julia, luciendo todas diminutas faltas… Y a
pocos metros, en la esquina de la tienda El Anjó de Aníbal Soba, entre
el calor de la multitud las Yerba Sara lucían sus siempre nuevos tapados
de piel.
Ya en las últimas
cuadras...
El corso pasa por el Jockey Club, y en la puerta estaban el Cacho
Brescia, Juan Suárez , Mario Núñez y Preisig. En la vereda de
enfrente, en lo de Wilson Ruiz, un núcleo importante del Prado Español
aplaude a la representante del barrio Mary Marrero.
Llegamos a la Intendencia y se detiene la Cucaracha, sus integrantes
saludan al portero Falero que estaba de guardia, mientras se dispone
el SAFARI a meter al Gordo Rey en la olla para cocinarlo en la última
vuelta. Reanudaron la marcha, con mucha gente en DeSierra TV y Cuervo
Alonso, mientras en el balcón del segundo piso el maestro Izasa sacaba
cuentas que había más gente que el año pasado.
Y frente al taller de costura de La Dama Chic, en una mesa grande su
dueña Pocha Leleo, sus hijas Laura y Virginia y sus empleadas Olga
Molla, Norma Falero, Marta Fontes, Teresa Pérez, dentro de otras que
no me vienen a la memoria... Parece que la estoy perdiendo...
En Las Llamitas, el Heber Giordano y el Nacho desde el horno de pizza
hacían su carnaval. En algunas mesas abundaban las botellas de cerveza
Norteña, que se estaba vendiendo bien; entre otros estaba Tulito
Artola, Carlos Pisa, el Escribano Alzati, su familia y sus empleados
Jorge e Isabel Alexandre. Ordenaban a la gente el comisario Baños y el
Casilla, mientras en el bar Sportman César llenaba sus ricos
cucuruchos de helados ya que la noche esta calurosa, está lindo para
un heladito de frutilla y crema. Los mozos Ismael, el Cisne Enciso, el
Tuto Páez y Manuel Alanís atendían rápidamente las mesas ante la
atenta mirada de Venancio Giordano.
Ya dando la vuelta por Ituzaingó, al
pasar frente a la casa de la doctora Safi a muchos le dolían las
muelas, y el balcón de lo de Aldama estaba repleto. Seguimos, pasando
por la farmacia Santa Julia, después por el puesto de verduras de los
Seijas, enseguida por la casa de Balle para llegar a lo de Pajarito
Lagos (qué jugador) donde Zapallo en la parrilla tiene siempre a punto
pamplonas, hígado a la tela, chorizos, morcillas, asado, pollos y
más... Y mientras Pajarito con cara de pocos amigos busca con la
mirada en el público a quien le reventó una bomba de agua en la
ventana, en el mostrador del bar Gálvez saboreaba alguna que otra
grapa con limón.
Llegamos a la Plaza Asamblea, pasamos
por lo de Quintín Ramón, por lo de Chenlo, donde Flor, Mario, Juan y
Teresita miraban muy atentos todo el movimiento. Pasamos por la
imprenta Gadi y frente a su casa, sentado en el banco, tomaba unos
amargos con yerba Sara de contrabando el señor Peluaga. Doblamos en la
esquina de Banco República, llegando a la Imprenta Moderna, donde muy
atentamente la numerosa familia de Martínez Portela y su empleado el
Negro Pereira aplaudían sin cesar el paso de su amigo Alejandro Monti
en La Cucaracha; pero aquí llega lo peor...
La caída fue fatal
Cuando La Cucaracha daba la vuelta en la Escuela Industrial, cae la
enorme olla con el Gordo Rey adentro. La olla rueda como 20 metros por
el pavimento y finalmente para en el cordón de la vereda de la
Jefatura. Todos los negros del Safari acuden riendo a levantarlo, pero
los invade el pánico al ver que es seria la caída. Quieren sacarlo
pero tienen dos razones que le impiden hacerlo rápido: mucho dolor en
el hombro y además se había amoldado a la olla, y como si fuera poco
al ir tirando para afuera se le engancha el cinto en el fierro de la
manija de la olla, y lo arrastraban con olla y todo, pero al fin
salió.
Enseguida llegan dos policías que hacían guardia en la
Jefatura, El Perro Siré y Batista y desde la Casa Parroquial corre el
padre Matonte, el cual dijo "CON CUIDADO, ESTE GOLPE PUEDE SER
FATAL... Llévenlo al Hospital que yo le pediré a Dios y a la Virgen de
los 33 por su pronto restablecimiento". Los policías no tenían
vehículo porque andaban en el centro, pero hablaron al Hospital para
que se prepararan para recibir un herido. Creo que La Cucaracha nunca
había marchado tan rápido, iba por 18 de Julio como a 15 km. por hora.
Al llegar al Hospital todos los integrantes del Safari pintados de
negro encabezados por el Bilo Lavandeira entraron corriendo mientras
por el pasillo venía el emfermero Lamaita, la enfermera Quirino, Marta
Cruchi, por si necesitaba cuidado intensivo; también Castro y Candia,
que al ver caminar tantos negros juntos casi se desmaya. Todos se
reponen del susto, pero las placas dan como resultado de la caída la
clavícula quebrada, un golpe en la cabeza con estado reservado,
quedando internado para ser revisado por el doctor Amorín, con aviso a
la Policia, la que en este caso sería testigo.
Todos suben a La Cucaracha con destino al punto de partida, el galpón
de la Norteña, donde no sería nada fácil sacarse la pintura negra.
ASÍ SE TERMINA EL CORSO DE ESTA NOCHE.....
Espero haber contribuido con su memoria.
EL KONMEMORIA SÁNCHEZ
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